O.L. Barenton, el confitero
« Lo que hace que muchas teorías económicas sean falsas, es que se fundan sobre la hipótesis de que el hombre es razonable.»
Nos habría gustado ser los primeros en escribir esta frase que adquiere todo su sentido en los mercados financieros actuales. Sin embargo, Auguste Detoeuf, su autor, la escribió a finales de los años 30 en un libro excelente: Reflexiones de O.L. Barenton confitero*, la historia de un hombre con un gran sentido común que consiguió hacer fortuna durante los años 20 con la producción de helado.
Antiguo alumno de la politécnica (promoción de 1902) al igual que su héroe, pero también primer presidente de ALSTHOM, Auguste Detoeuf demostraba sabiduría y lucidez, y « sabía que los cálculos de interés, reducidos a lo que meramente eran, preparan los peores desengaños para desembocar en los peores fracasos». ¡Qué pena que haya caído en el olvido a principios del siglo XXI!
La época (1938) en la que se publicaron estas reflexiones no deja de tener su influencia en ellas: la crisis económica causa estragos en Europa a partir de 1932 y el ascenso paralelo de los extremistas políticos marca obligatoriamente los ánimos… ¿Hay que concluir que la sabiduría sólo se adquiere en los periodos más difíciles y que hace falta una crisis para que el sentido común se imponga?
En este sentido, la historia del "Glass-Steagall Act" instaurado en 1933 en Estados Unidos es muy perturbadora. Tras la debacle financiera de los años 30 y la desaparición en cadena de los bancos, la Comisión de Asuntos Monetarios y Financieros del Senado estadounidense había destacado el papel incontestable de los dirigentes de los bancos en el crash. En un impulso de prudencia, el legislador estadounidense dividió entonces la actividad bancaria en dos partes incompatibles:
- la banca de depósitos, aval de la seguridad de los activos que se depositan en ella y única autorizada a prestar.
- la banca de inversiones que, por su parte, podía operar con los títulos y valores mobiliarios y hacer fructificar las inversiones.
Los bancos de la época se vieron obligados a elegir cual de los dos oficios abandonarían.
Batido en brecha desde mediados de los años 70 (a través de la creación de filiales en el extranjero, particularmente en Londres), y ampliamente esquivado por todo el sector bancario (¿será costumbre en el mundo de las finanzas?) el "Glass-Steagall Act" fue finalmente derogado en 12 de noviembre de 1999, justo a tiempo para permitir la fusión entre Citicorp y Travelers Group. Este movimiento permitió entonces, entre grandes aplausos, formar el CITIGROUP, primer banco mundial con activos por 700 Md$ y una capitalización de 135 Md$.
Ironía del destino, este mismo banco, CITIGROUP, encabeza las depreciaciones de activos desde hace un año (55 Md$, MERRILL LYNCH no le sigue de lejos con 52 Md$…) ilustrando perfectamente otra máxima de nuestro confitero: « La fuerza de algunas personas reside en todo el dinero que han prestado. La fuerza de otras personas reside en todo el dinero que deben ». No hay duda de que es la segunda parte de esta máxima la que empujó a la FED, el Banco central estadounidense, a socorrer sin demora al corredor BEAR STEARNS el pasado mes de marzo. La ventaja con los grandes bancos modernos es que a partir de ahora ganarán en los dos sentidos: « Cara gano yo, Cruz tú pierdes… »
La historia bursátil está plagada de estas crisis que adornan regularmente la vida de los mercados (siete en los últimos veinte años) y que no son más que la contraparte de los periodos eufóricos en que los inversores se emocionan en cuanto ven el horizonte despejado. Al final, la sabiduría del “Sr. Barenton” no resulta demasiado útil en la vida diaria: los excesos son propios del hombre y de los mercados, una motivación particularmente fuerte para progresar.
Entonces ¿para qué sirven los “sabios” en este mundo al que le encanta “flirtear” con los extremos? Pues sencillamente para plantear los puntos de referencia adecuados que permiten, sobre todo cuando el horizonte está oscuro, continuar haciendo camino: « El pasado es lo único cierto, pero sólo trabajamos con el futuro » afirmaba con fuerza el Sr. Barenton. Lo sabio, en estos tiempos nublados, es recordar que los ciclos de los mercados siempre acaban dando la vuelta.
* Eyrolles - Editions d’Organisation (en francés)