Recetas de la abuela
La memoria es una herramienta formidable que el ser humano no utiliza siempre con buen juicio, sino de manera selectiva, según las necesidades del momento.
Hace sólo un año, al principio de la crisis de los “subprimes” todos éramos proclives a resaltar las buenas lecciones aprendidas de los errores del pasado.
Obviamente, ese primer esfuerzo memorístico no ha sido suficiente: tras doce meses de dificultades, los bancos de inversión, estandartes de una Wall Street triunfadora, sólo tardaron unas semanas en desaparecer. Las quiebras (Bear Stearns y Lehman Brothers), absorciones (Merrill Lynch) o transformaciones en bancos universales (Goldman Sachs y Morgan Stanley) trastornaron el paisaje financiero americano que nació de la crisis de 1929 (ver Editorial de septiembre).
Hoy, mientras los mercados financieros no dejan de enfrentarse a la crisis financiera, la mayoría utiliza la memoria selectiva para recordar los tristes acontecimientos de la crisis del mes de octubre de 1929. Tras un desastre de tal magnitud, es lógico que las mentes dejen de ver las enseñanzas de la Gran Depresión y vean sólo las similitudes con la dicha crisis.
El alcance de la crisis financiera actual supera todos los pronósticos (incluso los nuestros) y se vuelve urgente combatir la enfermedad de una manera más activa. A partir de ahora, llega el turno de las “inyecciones de caballo”, como en los años 30, pero en una proporción más ambiciosa: en aquella época, las distintas medidas de recuperación alcanzaron el 2% del PIB, mientras que la medicina actual ha decidido llegar hasta el 7,5% del PIB de los Estados Unidos (1000 Md$).
« A Grandes males, Grandes remedios »: las agencias hipotecarias Fannie Mae (creada en 1938…) y Freddy Mac fueron colocadas oficialmente hace algunos meses bajo el control de las autoridades de tutela, así como la aseguradora mundial AIG, número 1 mundial en seguros. Las nacionalizaciones y avales estatales se multiplican, un tratamiento clásico en la historia económica: en 1989, los Estados Unidos ya tuvieron que salvar su sistema financiero colocando 747 cajas de ahorros bajo tutela.
Hoy, los americanos no se conforman sólo con socorrer al mundo de las finanzas. Los “Big 3”, los tres principales constructores de automóviles de Detroit, también van a obtener 25 Md$ en préstamos asistidos y avalados por el Estado. Oficialmente, se trata de ayudar a los 3 fabricantes de coches a adaptar sus gamas a los nuevos retos medioambientales, en particular en lo relativo al consumo. Oficiosamente, se trata de salvar un sector en el que trabaja más de un millón de personas. También en ese aspecto, el método ha demostrado su eficacia en el pasado: en 1979, Chrysler se salvó por poco gracias a un préstamo avalado por el Estado federal de 1 Md$.
Europa no se queda atrás y las nacionalizaciones avanzan a velocidad de crucero. Tras el caso de la Northern Rock (UK) ya hace un año, el ritmo se acelera con la nacionalización de Bradford y Bingley (UK), un nuevo banco especializado en el sector inmobiliario, de Fortis, al banco asegurador belgo-holandés, o incluso el franco-belga Dexia.
¿Tenemos que concluir por ello que el liberalismo ha muerto y que la globalización se ha interrumpido definitivamente, o que los mercados financieros ya no tienen futuro?
¡Por supuesto que no! Las mismas causas producen los mismos efectos y no tenemos ninguna duda de que los medios aplicados hoy para devolver la calma a los mercados serán tan eficaces como lo fueron en las crisis anteriores. Entonces llegará el momento de analizar lo que no haya funcionado bien y de lo que tiene que modificarse (regularse) para que la “crisis de 2008” sirva de referencia a las generaciones futuras sobre lo que no hay que hacer.
Esperando, esta vez, que el deber de memoria se convierta en una referencia permanente y no en una herramienta oportunista.