EDITORIAL

Riesgo y valor justo
Muchos de Ustedes nos han preguntado por qué seguimos teniendo una visión optimista del futuro. Está claro que, con las malas noticias que se van acumulando, y con la crisis financiera y económica que se va consolidando, el mero empleo de la palabra “optimista” puede parecer incongruente. Sin embargo, ante todas esas malas noticias, desde hace más de 6 meses sus fondos se han invertido en gran medida en acciones, y éstas mantienen el rumbo a pesar de la tempestad exterior. Aunque esta situación no tiene nada de cómoda, y aunque las dudas y la preocupación forman una parte importante de nuestro cotidiano, estén tranquilos, no hemos “perdido la razón”.
La derrota del sistema financiero no sólo acarrea la caída del precio de todos los activos, sino que también limita la capacidad de análisis y de reflexión de una generación de inversores que ha perdido sus puntos de referencia entre tanto pánico.
En los años 90, nos vimos perturbados por la llegada de métodos de evaluación basados en el Discounted Cash Flow (DCF). Estos métodos que permiten calcular el valor de una empresa en función de sus resultados anticipados a 10 o 20 años, de un grado de incertidumbre asociado a dichas previsiones y de una hipótesis de crecimiento hasta el infinito, nos parecían estar muy alejadas de las preocupaciones diarias de “operadores” más frecuentemente motivados por el muy corto plazo.
A base de modelizar y de apostar por la racionalidad del inversor, la financiación de activos a largo plazo (acciones, obligaciones, LBO, planes de pensiones) reposa sobre un ahorro cuya reflexión y cuya remuneración se miden a corto plazo, o incluso en cada instante. Hoy en día, mientras los resultados de las empresas desaparecen a un horizonte de 6 meses, ya no hay ningún analista ni ningún inversor que esté dispuesto a imaginar que este periodo es sólo puntual y que la inversión en Bolsa tiene futuro.
Un ejemplo excelente de ello son las cifras recientes de BENETEAU, nº 1 mundial de las embarcaciones de recreo. Este grupo, que presentaba una facturación de sólo 100 millones de euros en 1995 y de más de 1000 en 2008, acaba de confirmar a la comunidad financiera que el periodo actual es extremadamente complicado: su actividad se va a reducir en un 40% este año y los resultados (150 millones de euros en 2008) van a desaparecer… Si han decidido mantener las capacidades de producción y sus costes asociados, es obviamente porque anticipan el regreso de los compradores en cuanto termine la crisis financiera: nuestros "alegres jubilados" cada vez son más numerosos y continuarán soñando con atravesar los océanos con toda libertad en barcos de vela fiables y con un precio accesible. Sabiendo que, además, el principal competidor (BAVARIA con una facturación estimada de 400 millones de euros) se derrumba por culpa de sus deudas… Al contrario de la reacción del mercado (-15% tras la noticia), no tenemos ninguna duda de que este grupo saldrá reforzado de la crisis: dentro de tres años, la cotización bursátil será por lo menos tres veces superior a la cotización actual… ¡Vale la pena demostrar un poco de sentido común y ser valiente!
La valentía es una noción que, desgraciadamente, no es matemática y, por lo tanto, no goza de la adhesión de una comunidad financiera que siempre quiere convencer de que se puede remunerar ampliamente el ahorro sin asumir el riesgo que lleva asociado obligatoriamente. En la actualidad, el premio al cinismo se lo lleva este establecimiento holandés que, debido a las pérdidas que acumulaba, fue casi nacionalizado en octubre pero que continúa presumiendo de los méritos de su cartilla “sin riesgo” prometiendo ofrecer un interés del 5% dos veces superior al nivel del Livret A. Una promesa imposible de mantener a largo plazo, excepto si vuelve a caer en unos riesgos desmesurados: ¡busquen el gazapo!
Mientras no se diga alto y claro que NO HAY REMUNERACIÓN SI NO SE ASUMEN RIESGOS, las mismas causas volverán a producir las mismas decepciones.
Hoy ya no hay lugar para las dudas: El mundo entero se ralentiza, los riesgos de deflación son altos y las políticas económicas de todos los países del mundo (¡una primicia!) tienden a reanimar una actividad que flirtea con la depresión.
Por supuesto, podemos temer el mañana pero, sobre todo, podemos destacar que el entorno actual es excepcionalmente favorable para el inversor “racional”, que encontrará al mismo tiempo unos precios de activos líquidos extremadamente depreciados (en particular las acciones) y unas autoridades dispuestas a todo (presión fiscal, reglamentación, incitación) para favorecer la aceptación de los riesgos.
Por eso, sí, conservamos una visión positiva del futuro, ya que el bien común está imponiéndose frente a los intereses particulares… Y nosotros haremos todo lo posible (véase la estrategia de inversión a continuación) para que Ustedes compartan nuestro punto de vista, que es mucho más razonable de lo que puedan creer.

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