¡No es tan fácil!
La economía mundial va mal, y las respuestas que dan los gobernantes para combatir la crisis están en el centro de las preocupaciones de “todos”… Por lo tanto, “todos” dan su opinión sobre temas tan complicados (crisis mundial de 1929, inflación, deflación…) que nos ha parecido útil transmitirles, con algunos retoques, el pensamiento del economista Marc de Scitivaux sobre estos temas de actualidad.
“Los periodos de crisis son obviamente propicios a los temores, a veces irracionales, e incluso contradictorios. De este modo, los mercados acumulan:
- el miedo a una deflación grande o larga. Por supuesto, el espectro de 1929 empieza a alejarse, pero el del “escenario japonés” sigue vigente […];
- el temor a la “plancha de billetes” con su temor anexo, el defecto de las deudas públicas. La consecuencia de todo ello es la pérdida de valor de las monedas y el retorno de la gran inflación.
Así, si escapamos a la Caribdis de los años 30, sería para caer en el Escila de los años 70.
En 1990, explotaba la burbuja inmobiliaria japonesa, provocando siniestros bancarios de gran envergadura. Siguieron diez años de crecimiento casi inexistente (un promedio anual del 0,08% en volumen), con una deflación de los precios que llevó a una progresión del PIB aún inferior. […] Si la explosión de esta burbuja llevó a más de 10 años de deflación “suave”, esto se debió a una serie de errores políticos tanto monetarios como presupuestarios. La Fed los ha analizado con atención en un estudio de 60 páginas publicado en noviembre de 2002 y titulado “Preventing Deflation: Lessons from Japan’s Experience in the 1990's ».
[…] El mayor error japonés fue no haber tratado el problema desde sus bancos. Y es exactamente los contrario de lo que se ha hecho (y se sigue haciendo) en Estados Unidos. Los bancos estadounidenses han externalizado sus pérdidas, sin duda alguna por importes superiores a lo que serán las pérdidas al final del recorrido. Se recapitalizan, y el objetivo del plan Geithner es permitir que se desprendan de los activos denominados “tóxicos”.
Teniendo en cuenta las intervenciones de los Bancos Centrales y el inflamiento de sus balances, han surgido dos temores:
- la estabilidad de las monedas estaría amenazada por el funcionamiento de la “plancha de billetes”: los Bancos Centrales aumentarían tanto la base monetaria que, tarde o temprano, ¡esto provocaría una aversión a las monedas y el ahorro se iría "a otro sitio" (viva el oro)!
- la salida inflacionista: todo este dinero creado por los Bancos Centrales tendrá que repercutirse en los precios.
Ante todo, apuntemos que la referencia “plancha de billetes” es de la época del patrón oro. [...] En aquella época, el crédito bancario apenas existía. La base monetaria y la masa monetaria eran casi equivalentes. Actualmente, la moneda que crea el banco central no es más que una pequeña parte de la masa monetaria en circulación, que está constituida sobre todo de créditos bancarios. Las cifras estadounidenses dan 1.586 miles de millones a la base monetaria contra 9.790 miles de millones para los créditos de los bancos comerciales solamente. Si el crédito se retrae, hace falta que la base monetaria aumente mucho para compensar la destrucción de la masa monetaria que es consecuencia de esta contracción. La experiencia japonesa demostró justamente que, de 1994 a 2003, el Bank of Japan nunca consiguió crear tanta moneda como la que destruyó el sistema bancario.
Debido al “credit crunch” el riesgo actual es más bien deflacionista. Y contra él luchan la FED y el Tesoro de Estados Unidos. [...]Para que este exceso de moneda eventual lleve al alza de los precios, también harían falta unas políticas proteccionistas que impidan que estos excesos se propaguen hacia el extranjero por mediación de los déficits de las cuentas exteriores. En cambio, si no hay proteccionismo, los activos se convertirán, según la expresión de Jacques Rueff, ¡en la alcantarilla donde irá a parar la moneda! En ese caso nos enfrentaríamos a una nueva burbuja.”
Descifrar la actualidad económica que invade nuestra vida diaria es un ejercicio difícil. Recordemos lo esencial del mensaje de Marc de Scitivaux: los grandes temores pasados han permitido aportar las respuestas adecuadas para que esta crisis no se convierta en depresión.
Aquí tenemos un “buen punto” en el que apoyarnos y continuar compartiendo con Ustedes nuestra mirada de inversor optimista.