Girad Tiovivos
¿Quién se acuerda hoy de que hace justo un año, el 3 de julio, el Banco Central Europeo aumentaba su tipo principal al 4,25%? El barril de petróleo costaba entonces 144 $, e iba casi seguramente en camino hacia los 200$. Según el BCE, la inflación amenazaba con invadir la zona euro.
Por otro lado, las materias primas también participaban en la fiesta y RÍO TINTO (el nº 1 mundial de las empresas mineras) valía en la bolsa la suma de las cotizaciones bursátiles respectivas de LVMH, L’OREAL, SAINT-GOBAIN y CREDIT AGRICOLE.
Otros tiempos, otro escenario… 12 meses después, enfrentándose a un Bundesbank aún recalcitrante, el BCE deja que los tipos del mercado monetario a la vista se deslicen por debajo del 0,40%. El BCE presta incluso al sistema bancario europeo el importe record de 442 Md€ a 1 año a un tipo « nunca visto » del 1%, mientras que el barril de petróleo sólo vale 70$ y que RÍO TINTO ha dividido por dos su valor bursátil.
Por consiguiente, durante este corto periodo, el mercado ha prefigurado una fuerte inflación estructural antes de temer una nueva gran “depresión” (enviando tipos de interés a niveles desconocidos en los países del G7) para acabar concentrándose hoy en una perspectiva de déficits públicos abismales y un retorno inminente de la inflación… ¿“Poco importa el frasco con tal de que nos embriague”?
No es fácil, con unos actores de mercado que juegan a la veleta, dirigir una estrategia a largo plazo. Incluso los reguladores, árbitros que se supone deben mantener la sangre fría, dan entonces prueba de una actividad a veces frenética y ansiógena para el inversor.
Un ejemplo entre otros: tras haber avalado acercamientos bancarios sucesivos durante muchos años, Suiza ha declarado (a través del presidente del Banco Nacional Suizo) que pretende tomar medidas « directas e indirectas » para limitar el tamaño de los bancos. Hay que decir que los activos de los dos principales bancos helvéticos representan 6 veces el PIB del país.
En el Reino Unido, la solución de absorción de los patitos feos de las finanzas por otros mayores ya parece haber pasado de moda. Hoy en día se reconoce que el « too big to fail » es como proporcionar un seguro gratuito, como una especie de garantía estatal implícita, a los establecimientos más grandes. Viciosamente, esto llevaría a los bancos, incluso de manera estructural, a asumir riesgos inconsiderados, ya que el contribuyente será el asegurador final.
La desregulación de los mercados financieros y la expansión monetaria desenfrenada han demostrado sus límites en la reciente crisis financiera, pero sin embargo siguen agitando (¡girad tiovivos!) esos mercados que, por otro lado, tanto han contribuido a desarrollar.
¿Por qué razón? En su libro*, Charles-Henri Filippi resume perfectamente las consecuencias del traspaso de poder del dinero desde una autoridad única que « controlaba al mismo tiempo la emisión de moneda central, los bancos y los mercados financieros » hacia « el dominante individualista, llevado por las fuerzas conjugadas de los flujos de información y de dinero » y para el cual « la liquidez es una ganga, una oportunidad inmensa. Es su manipulador y su principal beneficiario ». Y concluye con toda la razón, tras los eventos recientes, que aunque « el deseo de dinero sea un motor esencial de la acción… más allá de un umbral razonable, su virtud se erosiona mientras su potencia depredadora explota ».
Pero una vez planteada la constatación, la dificultad permanece íntegra: ¿cómo conciliar las necesidades de reflexiones de inversión a largo plazo con el interés incesantemente atizado de unos intermediarios que se decantan por los intereses a muy corto plazo?
Seríamos muy presuntuosos si propusiésemos una respuesta. Dicho esto, esta concienciación sobre la necesidad de conciliar a las dos partes ya supone una primera pista prometedora y ahora apostemos por que el objetivo planteado por Charles-Henri Filippi suscite acciones pragmáticas y eficaces: « son necesarias nuevas reglas que gobiernen el dinero para permitir que la colectividad dedique sus recursos a proyectos de largo plazo capaces de ampliar los límites del mundo finito y de garantizar un reparto suficientemente equitativo entre las personas y los pueblos ».